La noche que se volvió anécdota del Rock

La noche que se Volvió Anécdota del Rock.

La noche que se volvió anécdota del Rock

Sinda y el pulso viva de la cultura mendocina

A veces no hacen falta fechas exactas para contar una historia. Porque hay trayectorias que no empiezan en un punto, sino en una forma de mirar el mundo.
Sinda volvió de España con algo más que kilómetros encima: volvió con una voz. Y desde ahí empezó a construir espacios como Tal como soy y su diario cultural digital, donde la palabra, la imagen y la sensibilidad se cruzan sin pedir permiso.
Es escritora, fotógrafa, periodista cultural… pero sobre todo, es de esas personas que hacen del arte un puente. Que registran, narran y sostienen lo que muchas veces pasa desapercibido.
Anoche, eso quedó más claro que nunca.

Fotografía Angel Castro

Quedó de manifiesto que, aunque hoy escriba en primera persona, lo vivido excede cualquier voz individual. Vinieron por amor, por respeto, por valoración. Vinieron músicos que son parte viva de la historia del rock mendocino.
Y entonces, lo que podría haber sido una noche de estrellas, se convirtió en algo más profundo.
En una verdadera anécdota del rock.


Como esas que ella misma supo reunir, nombrar y eternizar.
Pero si algo atraviesa todo esto, más allá de su obra, es lo que significa en lo personal.
Mi hermana amiga.


La que me nombra. La que me ve. La que, incluso en medio de su propio discurso, se quiebra y me incluye como parte de su historia.
Y eso —entre todo lo que crea— también es una obra.
Porque no cualquiera tiene el valor de sentir así, de decirlo así, de vivir así.
Gracias por tanto, Sinda. Por tu mirada, por tu palabra, y por ese lazo que no necesita explicación.