Adiós al guardián de nuestra identidad: la tonada mendocina se quedó sin la voz del querido Pocho Sosa.

Adiós al guardián de nuestra identidad: la tonada mendocina se quedó sin la voz del querido Pocho Sosa.
Fotografía gentileza

El otoño mendocino, ese que tiñe de oro las calles y hace crujir las hojas en las acequias, hoy se siente un poco más gris, más silencioso. Nos toca despedir a Carlos Alberto “Pocho” Sosa, uno de los faros más luminosos de nuestra cultura, quien falleció a los 82 años. Con su partida, no solo se va un cantor enorme; se nos va un pedazo grande de la memoria viva de Cuyo.

La noticia caló hondo en el pecho de los mendocinos. Pocho, que venía dando batalla desde que sufrió un ACV el año pasado —lo que lo mantuvo resguardado en la calidez de su hogar y el amor de los suyos—, se fue en silencio, pero dejando un eco que va a resonar por siempre en cada rincón de la provincia.

El último adiós en la Casa de las Leyes

Como no podía ser de otra manera para un artista que es patrimonio de todos, las puertas de la Honorable Legislatura de Mendoza se abrieron de par en par. Este domingo, entre las 13:30 y las 16:30, el Salón Rojo se transformó en el epicentro del dolor, pero también del agradecimiento.

Allí se acercaron familiares, colegas de poncho y guitarra, autoridades y esos vecinos de a pie que tantas veces se emocionaron escuchándolo. Fue una despedida con tonada, lágrimas y ese respeto sagrado que solo se le tiene a los grandes.

"Soy un defensor de la canción cuyana", había dicho el Pocho en su última charla con Los Andes. Y vaya si cumplió con su palabra.

El legado de un imprescindible

Hablar de Pocho Sosa es hablar de un tipo que estiró las fronteras de nuestra música. No se quedó solo en el patio de tierra; llevó el canto de Mendoza a escenarios nacionales e internacionales, siempre con el orgullo de saber de dónde venía.

  • Fue compadre de escenarios y de la vida de gigantes como Jorge Marziali, Damián Sánchez y la mismísima Mercedes Sosa, con quien compartió momentos inolvidables que quedaron grabados en la discografía popular.
  • Su voz le dio vida como nadie a las letras de los poetas de nuestra tierra, convirtiéndose en el puente perfecto entre la tonada más tradicional y la renovación de la canción folclórica en los años 70 y 80.
  • Himnos en su voz como "Otoño en Mendoza" o "Tonada de otoño" (de Jorge Sosa y Damián Sánchez) se convirtieron, gracias a su interpretación sensible y profunda, en el verdadero documento de identidad de cualquiera que haya nacido o vivido bajo este cielo.

La tonada no muere, se transforma

Mendoza está de luto, es verdad. Se siente ese nudo en la garganta que aparece cuando los referentes se van marchando. Pero el Pocho nos deja una herencia que no sabe de olvidos. Nos dejó el compromiso de cuidar la jarilla, de respetar el agua, de brindar con un buen vino y de defender, como él lo hizo hasta el último suspiro, esa cadencia tan nuestra que nos hace únicos en el mundo.

Hoy las guitarras cuyanas lloran a dos aguas, pero en cada cogollo que se cante de acá en adelante, en cada guitarreada cuando empiece a refrescar, el Pocho va a estar ahí. Que descanses en paz, querido cantor. Gracias por habernos enseñado a amar nuestra tierra con la fuerza de tu voz.