Una noche donde el rock volvió a ser ceremonia

Una noche donde el rock volvió a ser ceremonia

Hay conciertos. Y hay noches que se convierten en una celebración colectiva. Lo vivido en el Teatro Plaza fue una de ellas.

Lalo Povez

Kashmir eligió un marco inmejorable para celebrar sus 15 años de trayectoria, en una velada que también rindió homenaje a los 50 años de una película y disco en vivo, fundamentales en la historia del rock. Desde el primer acorde quedó claro que no sería un recital más: sería una experiencia.

Pablo Sánchez

El Teatro Plaza se sumergió en una atmósfera cuidadosamente construida. Las visuales dialogaban con cada canción, potenciando el clima sin distraer jamás. El sonido, impecable durante toda la noche, permitió apreciar cada detalle de una banda que conoce profundamente el repertorio que interpreta y, sobre todo, sabe cómo hacerlo propio.

Federico Zuin

Hablar de Kashmir es hablar de un engranaje perfecto. Pablo Sánchez en batería, Lalo Póvez en guitarra, Federico Zuin en bajo y Arita Rodríguez en voz conforman un cuarteto donde el protagonismo nunca compite: se comparte. Cada uno despliega su maestría desde su instrumento, pero el verdadero brillo aparece cuando esas individualidades se funden en un único lenguaje. Como los cuatro fantásticos del rock mendocino, logran que el todo sea mucho más grande que la suma de las partes.

Arita Rodríguez

La participación especial de Luciano Vicario en teclados aportó nuevas texturas y terminó de completar una propuesta sonora sólida y emocionante.

Luciano Vicario

Quien alguna vez asistió a un show de Kashmir sabe que su público tampoco es casual. Hay un ADN rockero que atraviesa la sala. Quizás el formato teatro impide el pogo tradicional, pero nadie permanece inmóvil. El movimiento aparece igual: en los cuerpos, en las miradas, en las manos que siguen el pulso, en las voces que acompañan cada estribillo. Es un agite distinto, más contenido, pero igual de intenso. Un agite del alma.

Arita Rodríguez volvió a demostrar por qué es una de las voces más sólidas y expresivas de la escena local. No sólo por su calidad vocal, sino por la honestidad con la que habita cada canción. Hay intérpretes que cantan. Y hay artistas que cuentan historias con la voz. Ella pertenece, sin dudas, a este último grupo.

Quince años después de su nacimiento, Kashmir confirma que la madurez no les quitó intensidad. Al contrario: consolidó una identidad. En tiempos donde la inmediatez suele imponerse, siguen apostando por el detalle, la calidad y el respeto por la música.

Y el público respondió como responden los que entienden que el rock, cuando está hecho con pasión y verdad, nunca envejece. Sólo encuentra nuevas maneras de emocionarnos.