La autonomía del deseo en personas con discapacidad

En esta ocasión voy a hablar de un tema que puede resultar tabú para algunos, pero que es necesario poner sobre la mesa para abrir los ojos frente a esta problemática.

La autonomía del deseo en personas con discapacidad

Mientras veía la serie The Pitt, en uno de los capítulos aparece un conflicto: la doctora Melissa King tiene una hermana, Becca, que está dentro del espectro autista. Ella acude al hospital por una infección urinaria y confiesa que fue producto de haber tenido relaciones sexuales. Esta situación alerta a su hermana Mel, llevándola a hacerse varios cuestionamientos: ¿desde cuándo mi hermana quiere tener sexo?, ¿su pareja se estará aprovechando de ella?, ¿por qué no me informó de la situación con antelación?

Este suceso me llevó a preguntarme varias cosas: ¿por qué se asume que una persona con discapacidad no desea tener intimidad?, ¿por qué se las infantiliza?, ¿es necesario que compartan cada detalle de su vida con su entorno?

A raíz de estas preguntas, me puse a investigar. En redes sociales, diversos usuarios han compartido sus experiencias sobre cómo viven su sexualidad siendo personas con discapacidad. El primer testimonio es el de Victoria, conocida como "cybcrgbarbie". Ella comenta que recibe frases como: "es increíble que no te hayan dejado a pesar de tu condición" o que su novio tiene gustos particulares por estar con alguien con movilidad reducida. Aquí se puede poner el foco en cómo se fetichiza a las mujeres con discapacidad, dejando de lado las múltiples cualidades por las cuales su pareja pudo haberse sentido atraída.

Otro testimonio es el de Agostina Barría, quien tiene parálisis cerebral. Cuenta que durante toda su vida fue percibida como una persona asexuada debido a su condición motriz. Sin embargo, remarca que su parte cognitiva no se ve afectada y que tiene deseos sexuales y reproductivos como cualquier otra persona. Para ella, la intimidad no es solo física: es vincularse, es autoestima, es identidad, es calidad de vida. Aun así, históricamente ha sido un tema silenciado.

También está "Mundo con Rueditas", una pareja de influencers con discapacidad. Ellos relatan que cuando hablan de sexo, muchas personas se escandalizan. En los comentarios suelen ser tratados como "angelitos", lo que infantiliza y minimiza su experiencia. Uno de ellos cuenta que, en una ocasión, expresó que quería privacidad y la respuesta que recibió fue: "¿privacidad para qué?". Además, señalan que la sociedad espera de ellos superación —que trabajen, que estudien—, pero que habiten el deseo sigue siendo algo impensado. ¿Acaso no tienen derecho a tener su espacio, su autonomía y a experimentar sus deseos?

Según la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (ONU, 2006), se reconoce el derecho a la vida sexual, a la intimidad y a formar una familia. Por lo tanto, cualquier intervención en este ámbito debe garantizar:

  • Acceso a la educación sexual desde la infancia.
  • Respeto a la autonomía y al consentimiento en la toma de decisiones sobre su sexualidad.
  • Acceso a servicios de salud sexual y reproductiva sin discriminación.

Sin lugar a dudas, nos queda un largo camino por recorrer. Lo positivo es que hoy contamos con herramientas y diversas voces que nos ayudan a sacarnos el estigma de encima. Recordá siempre esto: las personas con discapacidad no son niños, no necesitan supervisión constante en sus decisiones personales y están atravesadas por las mismas pulsiones que el resto del mundo. Tienen el mismo derecho que vosotros a experimentar su cuerpo y su deseo.