El polvo enamorado de la montaña: Una semblanza de Alfredo Bufano

El polvo enamorado de la montaña: una semblanza de Alfredo Bufano

El polvo enamorado de la montaña: Una semblanza de Alfredo Bufano

Por: Suyai Tobarez, Rocío Calise, Ana Aranguez y Mayra Gómez.

Hay hombres que no nacen en una tierra, sino que la conquistan con el alma. Alfredo Bufano, nacido bajo el sol de Italia en 1895 pero bautizado por el aire de Mendoza, fue el artesano de su propio destino. Su infancia, tocada por la humildad y el milagro, transcurrió bajo el amparo de un sayal franciscano; una promesa de fe que vistió su cuerpo y terminó por teñir su poesía de un misticismo puro y eterno.
Fue un obrero del pensamiento que cambió los globos y el betún por los libros, descubriendo entre estanterías porteñas que su verdadera patria era la palabra. Pero el oasis mendocino siempre fue su norte.

En San Rafael, entre el polvo de los caminos y el canto de las
acequias, Bufano dejó de ser un observador para volverse hermano
de la naturaleza, transformando el paisaje en una geografía sagrada.

Aquel joven autodidacta que apenas pisó las aulas terminó dictando cátedra con la autoridad de quien ha vivido la belleza con pasión. Ni los honores nacionales ni las sombras políticas
pudieron doblegar su espíritu "tenaz y laborioso". Tras buscar los ecos de su lengua en tierras
africanas y españolas, regresó al sur mendocino para fundirse con el surco. Hoy, su legado no reside sólo en sus libros, sino en esa mirada honda que nos recuerda que, en este suelo, solo
somos "polvo enamorado".

Varios autores definen la primera etapa de Alfredo Bufano, como el despertar de un espíritu que comienza a andar los senderos de la palabra para descifrar el hermoso y oscuro enigma de la existencia. En este periodo de alborada creativa, el poeta pliega
su mirada hacia el interior, buscando su propio rumbo y un modo auténtico de nombrar el
mundo a través de una escritura que actúa como un acto de descubrimiento. En su obra fundacional, El viajero indeciso (1917), Bufano establece su programa vital: la unión de la razón
con el corazón.

El Viajero Indeciso

El humilde camino ( Bufano. 1917)
Yo traduzco mi vida como el sabio teorem,
y miro el resultado con la satisfacción de aquel, que de un artista, logra hacer una gema. Yo he logrado, al cerebro juntar el corazón…En estos años germinan las semillas de toda su obra. El paisaje mendocino empieza a dibujarse con nitidez, como una presencia íntima y reveladora. Aparece lo autobiográfico, el amor y también el contraste entre la ciudad y el campo y el color adquiere un valor simbólico, se vuelve un gesto hacia lo espiritual, una manera de nombrar lo invisible:
Metempsicosis (Bufano. 1917)
La tristeza del gris
¡Oh, la dulce tristeza de los días lluviosos
que se pasan detrás de los vidrios, leyendo versos sentimentales, o perfumado el alma con el incienso vago de los dulces recuerdos!...
Su poesía vuelve una y otra vez a lo íntimo, a la casa, la infancia y lo simple en su obra Canciones de mi casa. Hay una fe suave, cercana a la naturaleza, como si lo divino respirara en las cosas pequeñas dónde también aparece el dolor, sobre todo en la pérdida, donde el tiempo se vuelve pregunta, entonces decide escribir Misa de Réquiem, en honor a su madre, el poeta escribe uno de los textos más desgarradores de la lírica regional.

Misa de Réquiem (Bufano. 1920)

Un lejano recuerdo
Nunca me olvidaré de una mañana
de intenso frío. Estabas en el patio
de la casa vetusta en donde fuimos
más o menos felices. Tú, cantando,
llevabas unas ropas con agua bien caliente
en la tosca batea hecha de un tronco de álamo…

Esta primera etapa de introspección y búsqueda llegaría a su fin con un cambio de paisaje que transformaría su voz para siempre. Al dejar atrás los ecos del modernismo porteño y radicarse definitivamente en el sur mendocino, Bufano se preparaba para entrar en su fase de madurez, que vería la luz con el galardonado Romancero, dejaría de mirar hacia el enigma interno para empezar a cantar, con la fuerza de un rayo, a la tierra, al trabajo y a la épica de un pueblo que empezaba a reconocerse en sus versos.