Que amar no sea un privilegio heterosexual

Pienso en Elisa y Marcela, burlando al mundo para poder casarse hace más de cien años en una sociedad que no concebía nuestro amor.

Que amar no sea un privilegio heterosexual

Y también en todas las lesbianas que, incluso en los momentos más oscuros de la historia, siguieron cuidando, sosteniendo y amando.

No es casualidad que la “L” esté primera en LGBTQ+. Durante los años más duros del VIH y el sida, fueron muchísimas lesbianas las que acompañaron, cuidaron y sostuvieron cuando gran parte del mundo les daba la espalda a los gays. Y creo que hay algo de eso que todavía vive en nosotras: la ternura convertida en resistencia, el cuidado convertido en acto político.

Y mientras miro esa foto de Elisa y Marcela, no puedo evitar preguntarme: ¿cómo se amaban las lesbianas en tiempos donde el amor parecía exclusivamente heterosexual? ¿Cómo hacían para sobrevivir al miedo, al silencio, a la violencia?

Y la verdad es que muchas veces seguimos preguntándonos lo mismo

Porque hace apenas dos años asesinaron a Pamela Fabiana, Andrea y Roxana. Tres lesbianas. Tres vidas arrancadas por el odio. Y mientras una parte del mundo todavía discute si merecemos existir, nosotras seguimos encontrándonos, amándonos y construyendo redes para sobrevivir.

Entonces ser lesbiana es : una memoria viva. Una historia hecha de mujeres que resistieron antes que nosotras para que hoy podamos amar un poco más libres. Desde Elisa y Marcela hasta cada lesbiana que hoy sostiene a otra en medio del miedo y la violencia.

Y sí, quizás somos intensas. Nos dicen intensas como si fuera un defecto. Pero ¿cómo no serlo? ¿Cómo no celebrar el amor? ¿Cómo no arriesgarse a vivirlo profundamente cuando históricamente tantas veces se nos negó?

Tal vez también tiene que ver con nuestra manera de vincularnos. Con esa forma de sentir donde el afecto, el cuidado y el compromiso ocupan un lugar enorme. Nos enseñaron que la intensidad es algo malo. Y aun así seguimos apostando al amor.

Porque no queremos tibieza. Queremos compromiso. Queremos construir algo real incluso en un mundo que todavía muchas veces nos quiere escondidas, avergonzadas o tristes.

Son tan importantes las redes que construimos entre nosotras. Las amigas, las compañeras, las que aparecen en distintos momentos de la vida para recordarnos que no estamos solas.

Valen y Sofi, gracias por construir una familia llena de amor y esperanza, y por mostrarnos que sí existe un mundo posible para nosotras.

Y Ana… gracias por ser la mujer que me acompaña hoy en día, pero sobre todo por demostrarme que, aunque la vida nos atraviese con mil cosas, la alegría no es algo negociable.

Nuria, gracias por seguir siendo mi hermana de la vida incluso en los días más difíciles. Te adoro con la vida.

Andrea, gracias por enseñarme que la valentía es algo reservado para quienes se atreven aun con miedo.

Marian, vos me enseñaste que nuestro sentir es un acto político.

Milagro, gracias por hacerme saber que hay muchas “Antonellas” disfrazadas de otros nombres en el mundo y por recordarme que siempre existieron otras como nosotras buscando su lugar.

Porque al final de todo, quizás eso también sea amarnos entre nosotras: seguir eligiendo la alegría incluso después del dolor. Que el amor no sea un privilegio heterosexual