Narcisista comunitario, que es y como identificarlo.

Narcisista comunitario, que es y como identificarlo.

Hoy vamos a analizar este perfil de persona y de qué forma se camuflan en la sociedad. El caso de Ignacio "Nacho" Levy despertó muchas contradicciones en mi mente: ¿cómo alguien que milita causas sociales puede, en su intimidad, ejercer abuso emocional, psicológico y conductas de control? Así lo catalogaron ex parejas de Levy que salieron a hablar a raíz del comunicado que hizo la sexóloga Cecilia Ce en sus redes sociales.

Para entrar un poco más en contexto y entender por qué es tan llamativo este caso, veamos primero quién es Ignacio Levy y cuál era su rol en la comunidad. Él es un periodista, docente y militante social que se volvió una de las caras visibles de “La Poderosa”, una organización que le da voz a espacios populares a través de lo que denominan periodismo villero, mostrando sus realidades y contando sus historias. Además, este movimiento se hace cargo de comedores comunitarios y merenderos, brinda educación mediante talleres de formación técnica y oficios, y aborda el feminismo en contextos de vulnerabilidad social.

¿Qué es un narcisista comunitario?

A raíz de investigar sobre el tema, me di cuenta de que Levy encajaba en el perfil del “narcisista comunitario”. Este término fue introducido en el Journal of Personality and Social Psychology por los psicólogos Jochen E. Gebauer y Constantine Sedikides, en un estudio titulado “Communal Narcissism” del año 2012.

Antes, la psicología veía al narcisista como una persona que solo buscaba inflar su ego en el área “agencial” (inteligencia, poder, estatus financiero). Sin embargo, a raíz de este estudio, se demostró que hay otra cara de la moneda: el que busca satisfacer las mismas necesidades de grandiosidad, pero a través del área comunitaria. Se perciben a sí mismos como “los más serviciales”, “empáticos” o “personas dispuestas a salvar el mundo”. Pero en su intimidad no son empáticos ni solidarios; es solo una máscara para el afuera, lo que genera una confusión muy grande en las víctimas y en todo su entorno.

El lenguaje y la inteligencia como armas

Los narcisistas que ocupan espacios progresistas suelen ser intelectualmente brillantes y manejan las reglas y el vocabulario que los rodea a la perfección. Esto provoca que sea mucho más difícil detectarlos: usan términos de salud mental o perspectiva de género para dar vuelta la situación. Si tienen conocimientos sobre psicología, también usan esa herramienta para manipular y hacer dudar a la víctima de su propia cordura, provocando gaslighting.

La “Credencial Moral”

Lo que me resulta más peligroso de este contexto es cómo una persona puede ser, de puertas para afuera, el alma más caritativa —poniendo su tiempo y esfuerzo en movimientos como “La Poderosa”— y luego ejercer violencia hacia sus parejas. ¿Cómo puede habitar esa dualidad dentro de una persona y por qué es tan difícil desenmascarar estos perfiles?

Esto se explica mediante la “Credencial Moral” (Moral Licensing), un fenómeno psicológico que aplica a este tipo de narcisistas. Al hacer un “gran bien” público, acumulan inconscientemente puntos de bondad que operan como un permiso para actuar de forma egoísta y violenta en el ámbito privado. Sienten o piensan que sus sacrificios públicos justifican sus “errores” íntimos.

Hacia dónde mirar

Sin lugar a dudas, este tema ha sacudido a diversas áreas de la sociedad, la política y el feminismo. Desde mi punto de vista, el ojo se tendría que poner en cómo este tipo de personas llegan a lugares tan altos de poder. Siento que es fundamental empezar a aplicar filtros psicológicos más fuertes en estos contextos para evitar a los falsos aliados en causas solidarias; de igual forma, creo que este tipo de evaluaciones deberían exigirse en cualquier espacio donde haya personas con poder sobre otros seres humanos.

Como última observación, considero fundamental el acompañamiento a las víctimas que transitan una relación así. Aunque el maltrato no se vea de forma física, el daño emocional y psicológico es profundo, invisible para el afuera y, por lo tanto, sumamente difícil de denunciar.