Juventud y salud mental: ¿desde cuándo arrastramos esta crisis?

Juventud y salud mental: ¿desde cuándo arrastramos esta crisis?

El suicidio por décadas ha sido un tema muy difícil de tratar. Por un lado, están las personas que creen que nombrándolo de alguna forma se incita a que suceda, mientras que, por otro, darle nombre a algo que afecta a un gran sector de la población es importante para conocer sobre el tema, abordarlo y brindar herramientas.

Ahora, ¿qué ha sucedido en los últimos años para que las estadísticas subieran tanto?

El mundo tuvo un reformateo muy complejo en estos últimos tiempos: el crecimiento de la tecnología, una pandemia de por medio, guerras que cada vez se ven más cercanas y un futuro incierto han provocado un gran impacto en los jóvenes. Sé que, desde la perspectiva de otras generaciones, a la generación Z la denominan "de cristal", pero si nos frenamos a pensar un poco: cuando eras adolescente o joven, ¿tu contexto era así de caótico?

Si analizamos en qué momentos de la historia argentina hubo un aumento en la tasa de suicidios, podemos observar que están emparentados con hechos históricos que marcaron al país. Por ejemplo, en los años 2000-2003, cuando una fuerte crisis económica provocó una gran repercusión, al punto de que hubo 3.400 casos registrados, siendo la población más afectada los varones de 40 a 64 años. Eran considerados la cabeza de la familia; por ende, la carga emocional y financiera claramente los sobrepasó. Otro hecho que generó este aumento fue la ruptura del Estado de bienestar en los 90: la privatización masiva de empresas estatales, la desregulación económica y el cierre de trenes dejaron a pueblos enteros sin actividad productiva y social, generando un gran impacto en su salud mental.

Ahora, viendo el panorama un poco más ampliado, lo que les afecta a los jóvenes hoy en día de alguna forma ya se vivió. La crisis económica actual, el no poder independizarse, lo complejo que es acceder al sistema de salud público o el no poder pagar una consulta con un terapeuta son algunas de las múltiples causas por las que el suicidio aumenta, sin dejar de lado que la pandemia fue un gran acelerador de esto.

La sociedad ya venía encaminada al aislamiento a consecuencia de las redes sociales y la tecnología en general, pero el suceso histórico que transitamos por el Covid fue un antes y un después. Ya no era una elección quedarse en casa y no ver a tus amigos o familia: era una obligación. Eso provocó un distanciamiento forzoso del cual muchas personas no pudieron salir; su casa se volvió su mundo y su habitación la zona de confort. Ahí no había peligro; el problema es reincorporarse luego de un hecho que traumatizó o dejó estragos psicológicos en muchas personas, más que nada en la juventud.

Otro punto que para mí es importante analizar, sobre todo en los adolescentes, es el autodiagnóstico. Internet puede ser un gran aliado y a la vez saturarnos de información, y he podido notar que muchas veces está siendo utilizado como un psicólogo o médico. Incluso la inteligencia artificial, a la cual le tirás tus síntomas y en segundos te da un resultado. Esto es alarmante, porque muchas personas se quedan con ese falso diagnóstico y creen que es suficiente saber esa información sin profundizar más sobre el tema, sin buscar ayuda y sin compartirlo con otros seres humanos.

Entonces, en este caos de información y sumatoria de causas, ¿qué podemos hacer como sociedad para revertir esta situación?

Lo principal sería volver a conectar como comunidad, desconectarnos un poco de la virtualidad y tejer redes humanas. Somos seres sociales que necesitamos del otro para nuestro bienestar, y compartir tiempo de calidad genera un gran impacto positivo en la psiquis.

También debería haber charlas de prevención contra el suicidio en escuelas, universidades y trabajos; es donde pasamos la mayor parte de la vida. Una charla así puede servir para que alguien detecte si un compañero está pasando por esto o para hacer un autoanálisis de si nos sentimos identificados con ese relato.

Y, por último, seguir reforzando discursos en torno a las emociones y las masculinidades. Los varones son el sector más afectado y sigue habiendo una barrera mental muy fuerte sobre que los hombres no lloran, no pueden ser sensibles ni hablar de sus sentimientos. Siendo este el instrumento más importante a la hora de cuidar la salud mental, si se tiene ese freno y no se habla del tema, ¿cómo pretende la sociedad que la situación mejore?

 

Si vos o alguien que conocés está pasando por un momento difícil, no dudes en pedir ayuda. Hay profesionales para acompañarte:

En Mendoza:

Línea de Emergencias: Marcá al 911 (solicitando asistencia o derivación de salud mental).

Guardia Hospital Escuela de Salud Mental Dr. Carlos Pereyra: (0261) 459-7100.

Guardia Hospital de Salud Mental Dr. Ramón Carrillo: (0261) 444-5300.

En todo el país (Argentina):

Línea Nacional de Salud Mental: 0800-999-0091 (gratuita, confidencial y disponible las 24 horas).

Centro de Asistencia al Suicida (CAS): 135 (desde CABA y GBA) o (011) 5275-1135 (desde el interior del país).