
Noveno viaje a Buenos Aires desde Mendoza para volver a encontrarme con la Doncella de Hierro.
Y mientras escribo estas líneas, inevitablemente aparecen los recuerdos. Desde aquel lejano Monsters of Rock de 1998 en Vélez Sarsfield hasta esta última cita en la cancha de Huracán, han pasado casi tres décadas, innumerables kilómetros, canciones, discos, shows y experiencias que quedaron grabadas para siempre.

Hay que reconocerlo: cada vez cuesta un poco más emprender el viaje. Los años pasan, el trabajo, las responsabilidades y, por supuesto, las cuestiones económicas hacen que cada aventura requiera un esfuerzo mayor.
Pero cuando llegó la noche del martes 20 de octubre y el reloj marcó las 21:00, todo eso quedó atrás.
Run for Your Lives World Tour estaba en marcha.
LA PREVIA
Desde temprano, el clima alrededor del estadio fue creciendo. De a poco, las calles comenzaron a teñirse de remeras negras, camperas de cuero, parches y banderas. Miles de fanáticos llegaban desde distintos puntos del país para volver a vivir una ceremonia que, para muchos, ya forma parte de sus propias historias de vida.
A las 19:45, subió al escenario La H No Murió, y lo que en principio podía parecer simplemente la banda encargada de la previa terminó convirtiéndose en mucho más.
Los clásicos de Hermética sonaron con fuerza y el público respondió como si el show principal ya hubiese comenzado. Se cantó, se saltó y se desató esa energía tan particular que solamente puede generar una canción que forma parte de la identidad del público argentino.
El escenario quedó preparado.
Y entonces llegó el momento.
21:00 — RUN FOR YOUR LIVES
Las luces se apagaron.
Las pantallas comenzaron a iluminarse.
Y cuando sonaron los primeros acordes de “Doctor Doctor”, el clásico de UFO que anuncia que algo grande está a punto de suceder, ya no había vuelta atrás.
Iron Maiden estaba nuevamente frente a nosotros.
BRUCE DICKINSON: SIN PALABRAS
Si hay algo que resulta cada vez más difícil de explicar es lo que hace Bruce Dickinson sobre un escenario.
La última vez que lo había visto, en 2024, ya me había parecido sencillamente sublime. Anoche consiguió superar nuevamente ese escalón.
A esta altura todos sabemos que Bruce es un enorme cantante y un extraordinario showman, pero verlo en vivo sigue siendo una experiencia difícil de describir.
Cambios de vestuario, interacción permanente con el público, desplazamientos por todo el escenario y una capacidad increíble para meterse dentro de cada canción. La escenografía iba cambiando y Bruce parecía transformarse con ella, acompañando cada historia y cada clima musical.
Y, por encima de todo, la voz.
Su potencia vocal volvió a ser protagonista durante toda la noche.
Bruce sabe cómo manejar a una multitud. La hace cantar, saltar, responder y participar. Pero hubo un momento en el que terminó de meterse definitivamente al público argentino en el bolsillo.
“The Trooper”.
Un tema que, por razones obvias, siempre genera cierta expectativa cuando Maiden lo interpreta en Argentina. Todos sabemos qué sucede cuando Bruce aparece con la bandera británica.
Pero esta vez hubo algo diferente.
A la bandera inglesa se sumó la bandera argentina.
Un detalle tan sencillo como contundente. Una brillante manera de reconocer al público y, al mismo tiempo, generar uno de los momentos más celebrados de la noche.
Bruce volvió a decir que somos “el mejor público del mundo”.
Puede sonar demagógico.
Pero después de haber vivido lo que ocurrió anoche en Huracán...
yo le creo.
UNA MAQUINARIA PERFECTA
Del resto de la banda, poco se puede agregar: impecables.
Al frente, como siempre, un Steve Harris que sigue llevando la manija como un verdadero capitán. Ese bajo sonó enorme durante toda la noche y volvió a demostrar por qué Harris es una pieza fundamental en la identidad sonora de Iron Maiden.
A su lado, Simon Dawson cumplió con creces detrás de los tambores. Potente, preciso y sólido.
Aunque hay que decirlo: por supuesto que se extraña a Nicko.
Es imposible no hacerlo.
Y después está ese trío de guitarras que parece desafiar al paso del tiempo.
Adrian Smith, Dave Murray y Janick Gers.
Tres estilos diferentes, tres personalidades diferentes y una química que continúa funcionando a la perfección.
Potentes, lúcidos y entregados al show. Los años pasan, pero ellos siguen demostrando que la edad no es un impedimento para subirse a un escenario y tocar Iron Maiden con una energía impresionante.
EDDIE, FUEGO Y ESPECTÁCULO
Y como si toda esa maquinaria musical no fuera suficiente, está Eddie.
El gigante que aparece en distintos momentos de la noche y que, para cualquier fan de Maiden, es mucho más que una mascota: es parte de la historia, de la identidad y del imaginario de la banda.
Las enormes pantallas, los cambios de escenografía, las luces y los fuegos artificiales terminaron de completar un espectáculo visual a la altura de una banda que lleva décadas perfeccionando esta fórmula.
Todo está pensado.
Todo tiene un motivo.
Y todo funciona.
UN SETLIST PARA VIAJAR EN EL TIEMPO
Si algo tuvo esta gira es la posibilidad de viajar por distintas etapas de la historia de Iron Maiden.
Y el setlist fue exactamente eso: un recorrido por la historia de la Doncella.
Doctor Doctor
The Ides of March
Murders in the Rue Morgue
Wrathchild
Killers
Phantom of the Opera
The Number of the Beast
Infinite Dreams
Powerslave
2 Minutes to Midnight
Rime of the Ancient Mariner
Run to the Hills
Seventh Son of a Seventh Son
The Trooper
Hallowed Be Thy Name
Iron Maiden
Y cuando parecía que todo había terminado, llegaron los bises:
Churchill's Speech
Aces High
Fear of the Dark
Wasted Years
Una verdadera celebración de la historia de Iron Maiden.
23:15 — HASTA LA PRÓXIMA
A las 23:15, después de más de dos horas de música, luces, fuego, clásicos y una multitud completamente entregada, llegó el final.
El cansancio era inevitable.
Pero también lo era la felicidad.
Porque hay viajes que se hacen por obligación, otros por trabajo y otros simplemente porque uno siente que tiene que hacerlos.
Este fue uno de esos.
Novena vez viajando desde Mendoza para ver a Iron Maiden.
Y quizás por eso el regreso tiene un sabor especial.
La conexión entre Iron Maiden y el público argentino no solamente sigue intacta: con cada visita parece hacerse más fuerte.
Hay bandas que tienen seguidores.
Hay bandas que tienen fanáticos.
Y después está Iron Maiden.
Una banda que, para varias generaciones, se convirtió en parte de nuestras propias vidas.
Las canciones que escuchamos de adolescentes. Los discos que compramos. Las primeras remeras. Los amigos que conocimos gracias al metal. Los viajes. Los recitales. Las noches interminables hablando de Maiden.
Todo eso forma parte de un legado que ya nadie puede borrar.
Ahora toca volver a Mendoza.
Feliz, agotado y con esa sensación inconfundible de haber vuelto a ver a la Doncella en vivo.
¿Volverá a repetirse?
El tiempo dirá.
Por ahora, Iron Maiden continuará su camino, completará este Run for Your Lives World Tour y luego llegará un merecido descanso de las giras.
Yo me quedo con lo vivido.
Con las canciones.
Con las imágenes.
Con el viaje.
Con la gente.
Y, sobre todo, con la certeza de haber estado nuevamente frente a una de las bandas más grandes de la historia del heavy metal.
UP THE IRONS!!! 🤘🔥