Fuego sagrado en Texas: Messi mordió la bronca, volvió a hacer historia y la Scaloneta ya está en playoffs.

Fuego sagrado en Texas: Messi mordió la bronca, volvió a hacer historia y la Scaloneta ya está en playoffs.
Fotografía gentileza

Hay días en que el fútbol se empecina en recordarnos que hasta los Dioses sangran. Y hay tardes, como esta de Dallas, donde esos mismos Dioses se limpian las rodillas, muerden el polvo y te demuestran por qué tienen la corona bien pegada a la cabeza. En un AT&T Stadium que era un hervidero celeste y blanco, la Selección Argentina la parió, aguantó los trapos y terminó venciendo 2-0 a una Austria durísima para sellar el pasaporte a los 16avos de final del Mundial 2026. ¿Los goles? ¿Y quién va a ser? Lionel Andrés Messi, el tipo que a días de soplar 39 velitas metió un doblete, mandó al infierno un penal errado y se subió en soledad al Olimpo grande de la historia como el máximo goleador de todos los Mundiales. 18 gritos. Una locura total.

El arranque del partido fue un viaje de ida y vuelta para el corazón. Apenas iban ocho minutos cuando el VAR llamó al árbitro Amin Mohamed Omar por un viaje a Lautaro Martínez adentro del área. Penal. En la tribuna ya se relamían para gritar el récord, pero el fútbol esdinámico: el remate cruzado del 10 se fue rozando el palo izquierdo de Schlager. El fantasma de los penales errados en las Copas del Mundo sobrevoló Texas por un rato, y Austria, que de zonza no tiene un pelo, olió la sangre. El equipo del alemán Ralf Rangnick creció, plantó bandera en el medio con Sabitzer y Laimer, y le hizo la noche parida a Enzo Fernández y Rodrigo De Paul. Alexis Mac Allister no encontraba la pelota y el equipo de Scaloni, por momentos, perdía la brújula y la fluidez.

"Hoy tuve el penal que podría haber aumentado la ventaja y pateé muy mal. Hubo un momento en el que estaba con mucha bronca. Pero este grupo disfruta de competir y salir adelante", confesó Messi tras el partido, con la honestidad de los grandes.

Pero al genio no podés dejarlo suelto ni un segundo. Cuando el primer tiempo moría en un cero mezquino, a los 38 minutos, Facundo Medina trepó por la izquierda como si fuera un viejo socio de la Selección y metió el pase atrás, "a lo Jordi Alba". Thiago Almada, con la lucidez de los que ven el fútbol en alta definición, la dejó pasar con una cortina hermosa y el revés de la zurda mágica de Leo la mandó a guardar abajo, al primer palo. Desahogo, grito sagrado y estallido: gol número 17 en Mundiales para romper el empate con Miroslav Klose y quedar como el único rey del gol mundialista.

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El overol en el complemento y el cerrojo del Dibu

En el segundo tiempo, como bien había avisado Scaloni en la previa, tocó ponerse el overol. Austria se vino con todo, adelantó las líneas y obligó a la Scaloneta a abroquelarse atrás. Ahí fue cuando apareció el otro héroe de las mil batallas: el Dibu Martínez voló de manera espectacular para sacarle un tiro libre envenenado a Sabitzer que tenía destino de red.

Viendo que las piernas flaqueaban por el rigor físico de los europeos, Scaloni movió el banco con la precisión de un cirujano. Adentro Otamendi por un Cuti Romero que se fue con hielo, Julián Álvarez para morder arriba, Nico González, el reingreso de Leandro Paredes para equilibrar y Tagliafico. La Selección resistió el asedio, incluso cuando a los 47 minutos un doble cabezazo austríaco tras una pelota parada paralizó los corazones de los 80 mil argentinos presentes.

Con el tiempo cumplido y Austria jugada en ataque, llegó la contra letal que liquidó la historia. Messi comandó la transición, habilitó a la Araña Álvarez que definió mano a mano; el arquero dio rebote, Paredes la volvió a meter al medio y, tras una serie de rebotes y milímetros de suspenso, el imán del 10 la empujó a la red para decretar el 2-0 final y clavar su gol número 18 en Copas del Mundo. Fiesta completa en Dallas.

Puntaje ideal y la cabeza en lo que viene

Con este triunfo trabajado e inteligentísimo, Argentina se asegura el liderazgo del Grupo J y la clasificación anticipada. Ahora quedará el último partido del grupo para regular cargas, mientras se mira de reojo lo que pasa en las otras zonas (con un Uruguay herido tras empatar con Cabo Verde).

A 40 años exactos de que Diego Armando Maradona pintara la obra de arte más grande de la historia contra los ingleses en el Azteca, este 22 de junio de 2026 volvió a vestirse de leyenda. Porque la Argentina tiene fútbol, tiene recambio y tiene alma de campeón. Pero sobre todo, tiene a un tipo de casi 39 años que sigue jugando con el hambre de un pibe de potrero. ¡Salud, Capitán!