¿Quién tiene la culpa de que la natalidad haya bajado de una forma tan brusca?

¿Quién tiene la culpa de que la natalidad haya bajado de una forma tan brusca?

Esta temática ha estado en boca de muchos en los últimos años. Se busca a quién hacer responsable sobre un tema tan complejo como la decisión de ser madre o padre, pero ¿alguna vez te pusiste a pensar que no hay un solo responsable detrás de esta problemática?

En mi análisis sobre este tema encontré diversos factores. En primer lugar está la economía y el costo de vida: el 39% de las personas afirman tener limitaciones financieras, donde los salarios y la dificultad en el acceso a una vivienda propia interfieren con los planes de tener hijos. No es por egoísmo o porque no quieran; simplemente las estructuras económicas que rigen el mundo en nuestra actualidad benefician a unos pocos y perjudican a muchos. A esto se le suma la inflación en los alimentos y el costo de la educación infantil, volviendo el panorama un poco más complejo.

Otro factor de la baja de la natalidad es el acceso a la educación y el desarrollo laboral de las mujeres. Si me permiten opinar sobre este punto, considero que es positivo: según UNICEF, entre la década de los 2000 y la actualidad, los embarazos adolescentes cayeron un 40% a nivel mundial, y entre niñas de 10 a 14 años la reducción es de un 70%. Esto representa un futuro mejor para aquellas mujeres que tuvieron la oportunidad de desarrollar su vida con normalidad, pudiendo apuntar a realizar una carrera y seguir sus metas sin tener la responsabilidad de criar a un hijo a una edad temprana. A esto se le suma una mayor inserción en el mundo laboral de estas mujeres, que es un punto importante porque les da más independencia; pero, a su vez, hay una fuerte penalización hacia aquellas que deciden ser madres, manifestándose en situaciones como que no las contraten en un trabajo, la brecha salarial o que les cueste conseguir cargos altos dentro de su área.

Encadenado al tema anterior está la siguiente problemática: la desigualdad de género en la carga del hogar. Un 13% de las mujeres, frente a un solo un 8% de los hombres, señalan que la distribución de las tareas de la casa es desigual y representa un impedimento muy grande a la hora de buscar un hijo. Como dijimos con anterioridad, la integración de la mujer al mercado laboral ha producido que, de alguna forma, los gastos del hogar sean repartidos y que no tengan que pesar sobre uno solo de los integrantes. Lo negativo de esto es que una parte de los varones que desean paternar no han dado el paso de cargarse parte de las tareas de la casa o de la crianza, dejando a las madres con lo que se conoce como “segunda jornada”. Esto provoca que gran parte de la población femenina no esté interesada en formar una pareja o tener hijos; incluso, si deciden tenerlos, muchas están optando por hacerlo de forma individual, ya que no consideran justo el panorama actual que las deja en desventaja y con un desgaste físico y emocional muy grande.

Como último punto, y algo que atemoriza más que nada a la Generación Z, es el miedo al futuro. El 19% de los encuestados están en alerta por los fuertes cambios climáticos, la degradación ambiental y las guerras contemporáneas que, como podemos observar, generan un pánico global y cada vez son más constantes. Esto ha generado un impacto psicológico muy fuerte en los jóvenes; al estar conectados constantemente en las redes sociales y no parar de ver noticias desoladoras sobre lo que sucede en el mundo, el pensamiento que tienen más presente es que traer un hijo sería una irresponsabilidad ecológica o un acto de crueldad ante un futuro hostil.

Yo sé que esto asusta a muchos en cierto aspecto, pero realmente, ¿es algo que debería importarnos? Si me pongo en la perspectiva de que va a ser un factor negativo para las próximas generaciones que se jubilen, lo entiendo; resulta atemorizante no tener ese soporte económico. Pero viéndolo desde otro punto de vista, tal vez el planeta necesita un respiro y esa falta de población sirva de ayuda. También hay que repensar la forma de vincularnos y de criar para que sea desde el amor y de una forma equitativa, responsable y no una imposición. Además, tal vez ya no es un deseo colectivo, tal vez es un deseo individual que debería ser respetado de igual forma, sin buscar un culpable o verlo como el fin de nuestro mundo.