Vino, montaña y rock n´roll: Crónica de una jornada histórica en el Wine Rock 2026.

Vino, montaña y rock n´roll: Crónica de una jornada histórica en el Wine Rock 2026.
Fotografía Claudio Bello - Prendete online

Lo que se vivió ayer en Lomas del Malbec no fue solo un festival; fue un ritual de esos que te reconcilian con el rock. En ese bellisimo oasis mendocino, donde los viñedos parecen rendirse ante la inmensidad de los cerros, el Wine Rock Sessions 2026 escribió una página dorada. El aire de la montaña, todavía con ese gustito a fin de Vendimia, fue el cómplice perfecto para una jornada que arrancó a las 16 y no paró de subir la apuesta.

La mística ya se sentía desde temprano. No es lo mismo ver a tus bandas favoritas en un estadio de cemento que hacerlo con la Cordillera de los Andes custodiándote la espalda. Mientras las copas se llenaban con las etiquetas seleccionadas y el Bebe Contepomi compartía las historias detrás de sus vinos, el rock empezaba a ganar terreno.

Pasado Verde, abría el desfile de las grandes bandas en el escenario. Luego llegaba Estelares y tomaba el escenario principal. Con Manuel Moretti a la cabeza, la banda platense desplegó ese abanico de melodías que ya son parte de nuestro ADN. Hubo una conexión invisible pero feroz con el público; entre copa y copa, las canciones de amor y derrota sonaron épicas con los viñedos de fondo. Fue el momento de la sensibilidad, donde la prolijidad sonora de la banda se fundió con el paisaje, dejando claro que el rock también sabe de elegancia y nostalgia.

Fotografía Claudio Bello - Prendete online

El estallido: Catupecu Machu y el rito de la hermandad

Cuando el sol empezaba a buscar el filo de la cordillera, La paz de los cerros se terminó de romper cuando Fernando Ruiz Díaz pisó las tablas. Catupecu Machu es, por definición, una descarga eléctrica, y ayer Mendoza y más precisamente el winerock fue su pararrayos. La intensidad fue total, un viaje de ida sin escalas. Pero la verdadera magia ocurrió cuando la banda decidió abrir el juego: el escenario se desbordó de talento local cuando varios artistas de nuestra provincia subieron a tocar y recitar junto a ellos. Fue un cruce de generaciones y estilos, un reconocimiento explícito de Fernando a la fuerza de la escena mendocina. Ver a los músicos de acá fundidos en un abrazo sonoro con Catupecu, con el polvo levantándose en el pogo, fue el pico de emotividad de la tarde.

Fotografía Claudio Bello - Prendete online
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La cátedra: Ratones Paranoicos y el fuego sagrado

Ya con la primera estrella asomando sobre los viñedos y una imponente luna custodiando desde arriba, llegó el turno de la realeza. Los Ratones Paranoicos debutaron en el festival y demostraron que el rock no sabe de pasos del tiempo. Juanse, con esa estampa de "clásico absoluto", manejó los tiempos de una multitud que ardía. Fue una cátedra de rock, groove y actitud. El sonido sucio, callejero, barrial y directo de la banda de Villa Devoto contrastó de una forma hermosa con la sofisticación de la bodega, recordándonos que el rock nació del barro y el asfalto pero puede reinar en cualquier paraíso.

Fotografía Claudio Bello - Prendete online
Fotografía Claudio Bello - Prendete online

Las claves de una jornada histórica

  • El Escenario: Lomas del Malbec se consolidó como un anfiteatro natural imponente.
  • La Identidad: El cruce de Catupecu con los músicos locales marcó el espíritu colaborativo y emotivo del festival.
  • El Maridaje: La presencia del Bebe Contepomi y los enólogos locales le dio el marco necesario a una experiencia que fue mucho más allá de lo musical.

Mendoza despidió la Vendimia con el volumen al taco. Fue rock, fue vino y fue montaña. Una combinación que, cuando sale así de redonda, se queda guardada para siempre en la memoria.