Hay voces que no solo se escuchan, se sienten en el pecho. Y si hablamos de Juan Antonio Ferreyra, hablamos de ese sismo emocional que ocurre cuando el blues y el rock deciden personificarse en un solo hombre. Este 27 de marzo, el Teatro Plaza de Godoy Cruz se prepara para recibir a un auténtico sobreviviente de mil batallas, un artista que supo domar estadios y enamorar bares con la misma honestidad brutal.
Un viaje de mil millas y catorce estaciones
La historia de JAF no es una simple cronología de discos; es la banda sonora de una resistencia. Desde aquel joven que dejó su huella en el Riff de Pappo, demostrando que se podía ser un virtuoso de la guitarra y un cantante melódico de raza al mismo tiempo, hasta el solista que llenó de mística la radiofonía argentina con baladas que hoy son himnos.
Con 14 álbumes a cuestas, cinco discos de Oro y uno de Platino, Ferreyra no llega a Mendoza a vivir de rentas. JAF es un laburante de la ruta, un tipo que entiende que el rock se valida cada vez que se prenden las luces y se apoya el dedo en la cuerda.
"Nocivo": El veneno que nos mantiene vivos
La excusa —si es que hace falta una para verlo— es la presentación de su nuevo material, “Nocivo”. Pero como todo buen encuentro con un viejo amigo, la noche promete ser un repaso por las cicatrices y las glorias. El repertorio del Plaza será un puente entre el presente y esos clásicos que todos cantamos alguna vez con el puño apretado.
"Ver a JAF es asistir a una clase magistral de cómo se interpreta el sentimiento. No es solo técnica; es ese 'algo' que solo los grandes conservan después de décadas de escenario."
Coordenadas de una noche imperdible
La cita es a las 20:30, un horario ideal para dejar que la voz de Juan Antonio nos erice la piel. El Teatro Plaza, con su acústica y su historia, es el marco perfecto para que el blues ruede por las calles de Godoy Cruz.
- Fecha: 27 de marzo.
- Lugar: Teatro Plaza (Colón 27, Godoy Cruz).
- Entradas: Disponibles en EntradaWeb o en la boletería del teatro (lunes a viernes de 9 a 14).
No es solo un show más. Es la oportunidad de reencontrarse con una leyenda que sigue sonando tan fresca y potente como el primer día. Porque el rock, cuando es de verdad, no envejece; se vuelve eterno.