En un partido de locos que tuvo de todo, lluvia, granizo, corte de luz y una suspensión de 40 minutos, el equipo de Alfredo Berti mostró los dientes y le ganó 2 a 1 a Atlético Tucumán. Osella se vistió de héroe sobre el final para que el estreno en el Apertura 2026 sea una fiesta completa en el Parque.
Hay triunfos que valen más que tres puntos, y el de este sábado en el Bautista Gargantini entra directo en esa categoría. Independiente Rivadavia no solo debutaba en el torneo con el pie derecho, sino que celebraba sus 113 años de vida. Y como no podía ser de otra manera para un club con tanta historia, el festejo llegó con una dosis de drama que ni el mejor guionista de Hollywood se hubiera animado a escribir.
Un arranque prometedor y el "mazazo" del VAR
Desde el pitazo inicial, el conjunto de Berti salió a comerse la cancha. Con un tridente picante conformado por Fernández, Arce y Ríos, la Lepra lastimó rápido. A los 9 minutos, Matías Fernández controló un centro preciso desde la izquierda y, con un zurdazo seco, infló la red para el 1-0. Parecía que la noche venía tranquila, con un Independiente vertical y seguro en el fondo.
Sin embargo, el fútbol argentino siempre tiene una vuelta de tuerca. Cuando el primer tiempo se moría, el VAR llamó a Ferreyra por una falta de Florentín sobre el eterno Leandro Díaz. El "Loco" no perdonó desde los doce pasos, cortó el invicto de Bolcato y mandó el partido al descanso con una igualdad que olía a injusticia.
Tormenta, tinieblas y suspenso
El segundo tiempo arrancó bajo un diluvio que rápidamente se transformó en granizo. Apenas se jugaban 2 minutos cuando el Gargantini quedó a oscuras. Corte de luz, agua por todos lados y los jugadores al vestuario. Parecía que la fiesta del aniversario se aguaba definitivamente. Pero tras 40 minutos de incertidumbre y un laburo bárbaro para drenar el campo, el árbitro dio el OK y volvió la acción.
El rugido final de Osella
En el reinicio, el Decano salió mejor y obligó a Bolcato a lucirse con una doble atajada fenomenal que mantuvo a la Lepra con vida. Berti movió el banco, refrescó las piernas y el equipo recuperó el protagonismo.
A falta de 10 minutos para el cierre, llegó el desahogo. Tras una serie de rebotes en el área tucumana, Alejo Osella conectó de cabeza y, con ese suspenso típico de una pelota que parece no querer entrar, firmó el 2-1 definitivo.
El Azul supo aguantar los embates finales y cerró una victoria necesaria y simbólica. Independiente Rivadavia arrancó el Apertura con el pie derecho, demostró que tiene carácter para sobreponerse a las tormentas (literales y futbolísticas) y sopló las 113 velitas con el mejor regalo: los tres puntos en casa.