El ritual de la identidad: Andrés Barbera y Andrea Musso detuvieron el tiempo en Luján de Cuyo.

El ritual de la identidad: Andrés Barbera y Andrea Musso detuvieron el tiempo en Luján de Cuyo.
Fotografía Claudio Bello - Prendete Post

Hay noches donde el calendario miente. Lo que pasó este último viernes 20 de febrero en Coordenada Artesanal, del Container Park en Perdriel, no fue solo la presentación de un disco; fue un portal directo a nuestra propia memoria colectiva como lujaninos. Andrés Barberá volvió a su tierra para iniciar su gira nacional, pero en el aire flotaba algo mucho más denso y sagrado que el simple estreno de canciones.

Para los que peinamos algunas canas y gastamos suelas en el barro de los 90, fue imposible no cerrar los ojos y sentir el eco de Volcánica. Verlo a Andrés ahí, con la misma entrega pero con la madurez de quien ya dio mil batallas, nos teletransportó de un saque al viejo Fénix Pub. Aquel refugio lujanino donde pasábamos las horas metiendo fichas a los arcades del Double Dragon y el Galaxy, entre birras y esos sándwiches que eran ley. Esa mística de pub, de rock sudado y sueños de garage, se hizo presente en cada acorde.

Un viaje sonoro y visual

La noche fue una verdadera "sinergia" entre el sonido de Barberá y el "Pop-art espiritual" de la artista plástica Andrea Musso. Sus obras, cargadas de un expresionismo figurativo punzante, dieron ese toque final y vistieron el lugar dándole rostro a las emociones que Andrés soltaba desde el escenario.

Fotografía Claudio Bello - Prendete Post

El setlist fue un recorrido emocional que no dio respiro:

  1. Mueve las olas mi voz: El puntapié inicial que marcó el pulso de la velada.
  2. Mundo: Un viaje sonoro que puso a todos en sintonía.
  3. Mi luz obscura: El momento del arrabal. La pareja de tango compuesta por Jaime Albornoz y Liliana Spuches irrumpió en escena para darle una elegancia tanguera y arrabalera que emocionó a más de uno.
  4. Tu voz: Un estallido de color local acompañado por La Murga de Equeco Cultural, recordándonos que el rock y el barrio caminan siempre de la mano.
  5. Inevitable: El tema que da nombre al nuevo disco y que ya se perfila como un himno de esta nueva etapa.
  6. Josefina: El momento más íntimo. Una dulce melodía que Andrés compuso para su hija, bajando las revoluciones para conectar con la fibra más sensible del público.
  7. Tic tac: El cierre perfecto para una noche de relojes detenidos.
Fotografía Claudio Bello - Prendete Post

El respeto de los pares

Lo que se vivió abajo del escenario fue tan potente como lo de arriba. Entre el público, disfrutando como uno más, se pudo a grandes músicos de la elite de la música mendocina: Pablo Salcedo, Marcelo López, Cristian Mocayar o Iván Conna, solo por nombrar algunos entre mucho otros que estuvieron ahí, bancando la parada y celebrando el presente de un artista que nunca olvidó sus raíces.

"La figura humana en la obra de Musso no es forma, es emoción pura; igual que la voz de Barbera, que ya no solo canta, sino que evoca aquel fuego que se encendió en el Fénix hace tres décadas."

La velada se cerró con esa sensación casí diría agridulce que dejan los grandes momentos: la alegría de lo nuevo y ese nudo en la garganta por el recuerdo de lo que fuimos. Andrés Barberá demostró que se puede girar por todo el país, pero que el pibe que tiraba magia en Volcánica sigue ahí, firme, con la guitarra al hombro y el corazón en su querido Luján de Cuyo.

Fotografía Claudio Bello - Prendete Post