No fue un show más. Fue una verdadera misa del rock nacional bajo el cielo de Luján de Cuyo. Organizado por Cultura del municipio lujanino, Miguel Mateos abrió su 2026 con un bombazo: un repaso demoledor por sus 40 años de carrera ante una marea humana que desbordó el predio. Crónica de una noche donde la nostalgia y el futuro se dieron la mano.
Hay noches que se explican con números y otras que se explican con piel de gallina. Lo de Miguel Mateos este sábado en el Parque Ferri tuvo de las dos. Las cifras oficiales hablan de 60.000 personas, una cifra que asusta y que dejó al predio de Azcuénaga y Chiclana literalmente "explotado". Pero lo que los números no dicen es el grito de esa multitud cuando, pasadas las 21, el Jefe pisó el escenario y soltó los primeros acordes de una vida dedicada al rock.
Mendoza siempre fue una plaza especial para Miguel, pero lo de este Carnaval fue un paso más allá. Fue una comunión generacional. Vimos abuelos con remeras de Rockas Vivas gastadas por el tiempo junto a pibitos de diez años que saltaban como si hubieran descubierto "Cuando seas grande" ayer a la tarde.

Un setlist que fue un cachetazo de hits
Fiel a lo que nos había adelantado en la previa, Mateos no se guardó nada. "En los festivales hay que dar un resumen de la música", nos decía hace unos días, y cumplió con creces. Fue una ametralladora de clásicos: desde la rabia de "Huevos" hasta la épica internacional de "Mi sombra en la pared" y "Llámame si me necesitas", "Obsesión".
El sonido fue un cañón y su banda, esa que él define como "un lujo", sonó ajustada como un reloj suizo pero con la mugre justa del rock and roll. Miguel, a sus 72 años, se movió con una vitalidad que le faltaría a más de un pibe de veinte. El tipo tiene el ADN del escenario y se nota que lo disfruta como el primer día.

El puente hacia el futuro: La Ópera y el recuerdo de L.A.
Uno de los momentos más emotivos fue cuando bajó un cambio para hablar de los 40 años de Solos en América. Ver a 60 mil personas iluminando el parque con los celulares mientras sonaba el tema que le da nombre al disco fue, sencillamente, para cerrar los ojos y dejarse llevar. Mateos recordó aquellos años en Los Ángeles, grabando un disco doble cuando el país ardía, y cómo esas canciones se convirtieron en el pasaporte del rock argentino para el resto del continente.
Pero no todo fue retro: también hubo espacio para la expectativa. El Jefe confirmó sobre tablas que este año se viene su ópera rock Los tres reinos y dejó a la monada con ganas de más cuando mencionó que sigue trabajando en material nuevo. No es un tipo que viva de rentas; es un artista que sigue empujando el carro hacia adelante.
Final de fiesta y consagración
El cierre, como no podía ser de otra manera, fue un descontrol de espuma de carnaval y gargantas al límite. Luján de Cuyo vivió un hito cultural que va a quedar grabado por mucho tiempo.
Miguel se fue del escenario con una sonrisa de oreja a oreja, bañando en el cariño de un Luján de Cuyo y una Mendoza que lo adoptó hace décadas y que anoche le renovó el carnet de "leyenda viviente". Si alguien dudaba de que el rock nacional sigue vivo, tendría que haber estado en el Parque Ferri.
