A medio siglo del inicio de la página más oscura de nuestra historia, la provincia de Mendoza se prepara para una jornada donde el recuerdo se transforma en presente. Desde el antiguo D2 hasta las aulas de la UNCuyo, el mensaje es uno solo: el pasado no se olvida, se hereda como un compromiso de vida.
Hay fechas que no son simplemente números en un almanaque; son cicatrices y, a la vez, faros. Este 24 de marzo, Argentina cumple 50 años desde aquel quiebre de 1976. En Mendoza, el aire de marzo trae consigo una atmósfera de recogimiento, pero también de una vitalidad asombrosa. No es solo un aniversario redondo; es la reafirmación de una identidad que se niega a soltar la mano de quienes ya no están fisicamente, pero siguen muy presentes en nuestros corazones.
La noche donde el silencio se hace música
La vigilia en el Espacio para la Memoria (el ex D2) es, quizás, el momento más íntimo de esta conmemoración. Allí, donde los muros alguna vez guardaron el dolor del Departamento de Informaciones, hoy se levanta una "trinchera simbólica". Al caer el sol este lunes, el frío del cemento se entibia con intervenciones artísticas, proyecciones y lecturas.
Es un clima particular: una mezcla de respeto sagrado y la alegría de saber que ese lugar, antes clandestino, hoy es un punto de encuentro. Los recorridos guiados no son solo paseos históricos; son ejercicios de empatía para que el "nunca más" resuene en las nuevas generaciones que caminan por esos pasillos con ojos curiosos y sorprendidos.

Una marcha que es un río de fotografías
Mañana martes, el Kilómetro Cero va a dejar de ser el lugar donde nos juntamos a ver vidrieras para transformarse en el corazón de una columna humana. Desde las 18:00, la San Martín se va a llenar de los rostros de siempre y de caras nuevas.
Lo más emocionante sigue siendo la cabecera: esos familiares que, con los años encima, transformaron el dolor en una marcha que no afloja. Sostener una foto, una pancarta o una remera con un nombre no es solo pedir justicia; es mantener vivo un vínculo que ni el tiempo ni la ausencia pudieron romper. Es la herencia de aquellas madres que en el 77 empezaron a rondar en la Plaza de Mayo y que hoy, en cada calle mendocina, nos siguen enseñando qué significa la palabra "identidad".

El legado en las aulas y en las plazas
La conmemoración no se agota en una marcha. Se derrama por toda la semana y por cada rincón de la provincia:
- En Guaymallén: El arte toma la Plaza de las Artes con la renovación de un mural, contando con la presencia de referentes como el "Flaco" Suárez, recordándonos que la cultura es el mejor antídoto contra el olvido.
- En las escuelas: Jóvenes de Maipú y estudiantes secundarios que verán "Aparecidos" en el Microcine Municipal, transformando el cine en un puente de diálogo.
- En la UNCuyo: La entrega de legajos a docentes y alumnos afectados por la dictadura es un acto de reparación histórica que devuelve la dignidad a los nombres que el terrorismo de Estado intentó borrar.
Cincuenta años después, Mendoza demuestra que la memoria no es una mirada rígida hacia atrás, sino un abrazo colectivo hacia adelante. Entre flores de Bermejo, buzones de reflexión en Ciencias Económicas y el paso firme por la calle Virgen del Carmen de Cuyo, la provincia elige, una vez más, la verdad como camino y la justicia como destino.
"Recordar es volver a pasar por el corazón. Y hoy, a medio siglo, el corazón de Mendoza late con más fuerza que nunca."
Nota del editor: Las imágenes con las que acompaño esta crónica han sido seleccionadas en blanco y negro de forma deliberada. Con esta estética busco no solo honrar la sobriedad del recuerdo, sino también trazar un puente visual entre el pasado que recordamos y el presente desde el cual sostenemos la memoria, despojando la escena de distracciones para enfocar la mirada en la esencia humana de la jornada.