
Después de ver la temporada 5 de Stranger Things, hubo una escena que se me quedó grabada. Hopper hablándole a Mike, después de la muerte del personaje principal. No fue solo una escena emotiva: fue un discurso sobre la vida, sobre esas decisiones que otros toman y que muchas veces no podemos entender, aceptar ni procesar.
Ese momento resume algo muy humano: el impacto que tienen las decisiones de los otros, en la adolescencia, cuando todavía no tenemos las herramientas emocionales para comprenderlas. Pero también funciona para la adultez, cuando seguimos enfrentándonos a elecciones ajenas que nos atraviesan y nos dejan preguntas sin respuesta.

Hopper le dice algo fundamental: lo que pasó no es tu culpa. Y desde ahí plantea dos caminos posibles, que no son exclusivos de Mike, sino de cualquiera que haya atravesado una pérdida, una ruptura, una ausencia o una decisión que no eligió.
“Lo que pasó no es tu culpa.
Ella tomó su decisión, llegó el momento de que tomes la tuya, y como lo veo tienes 2 opciones frente a ti, tienes un camino donde te sigues culpando por lo que pasó, te sigues atormentando una y otra vez con lo que pudiste hacer diferente, vas a alejar a las personas y sufrirás, porque es lo que crees que mereces y existe otro camino, donde hallas la forma de aceptar lo que pasó, hallas la forma de aceptar su decisión, no significa que te guste…
no significa que lo entiendas, no vuelves a pensarlo, solo lo aceptas y vivirás la mejor vida que puedes tener…”
Aceptar no es resignarse ni justificar lo que pasó. Aceptar es dejar de castigarse. Es dejar de vivir atrapado en el “¿y si…?” y empezar a elegir cómo seguir, incluso con la herida abierta.

En ese sentido, Hopper cumple un rol que podría ocupar un psicologo: no borra el dolor, pero lo ordena. No promete que va a ser fácil, pero señala algo esencial: vos también tenés una decisión que tomar.
Esta escena funciona como un espejo. Nos devuelve imágenes de quienes fuimos cuando estábamos enojados con el mundo, cuando nos sentíamos solos o incomprendidos. Y también nos muestra cuánto podemos cambiar con el tiempo, el acompañamiento y la reflexión.
Por eso este discurso no tiene edad,es para cuando lo necesites. Para cuando estés atrapado en la culpa, el rencor o la confusión. Para recordarte que aceptar no significa olvidar, sino permitirte vivir.
Y al final, la vida se parece mucho a una bicicleta, eh y no es porque ame las bicis jaja bueno creo que si. Pero es verdad podés elegir el camino, podés frenar, dudar, incluso caerte. Pero hay algo que es inevitable: si no pedaleás, te caés. No siempre elegimos la ruta, muchas veces no entendemos por qué nos tocó esa pendiente o ese desvío, pero seguir avanzando también es una decisión.
Aceptar lo que pasó no es quedarse quieto. Es subirse de nuevo a la bici, con miedo, con cicatrices, pero con la certeza de que moverte hacia adelante es lo único que te permite mantener el equilibrio. Y aunque no veas todavía el destino, cada pedaleo te aleja un poco más del dolor que te dejó detenido y te acerca a una versión tuya que aprende, crece y sigue.
Porque la vida no se trata solo de entenderlo todo.
A veces, simplemente, se trata de seguir pedaleando.