
No cansado. Agotado. Y cada vez que aparece esa palabra, algo me invita a detenerme y mirar más allá del niño.
Trabajo desde la sanación emocional, el análisis simbólico y el estudio del linaje familiar, y desde ese lugar puedo decir que lo que hoy llamamos burnout infantil no es una enfermedad nueva, sino un síntoma profundo de nuestra forma actual de vivir y criar.
Niños cansados de sostener más de lo que pueden

Muchos niños llegan a consulta con irritabilidad, desmotivación, problemas de atención, dolores corporales o una tristeza difícil de explicar. No siempre hay un hecho traumático visible. Lo que sí aparece es una sobrecarga silenciosa.
Niños con agendas llenas, con múltiples estímulos, con expectativas adultas, con poco
espacio para el juego libre y el descanso real. Niños que, sin saberlo, están sosteniendo más de lo que su sistema emocional puede procesar.
La infancia acelerada y la pérdida del tiempo emocional
Vivimos en una cultura que confunde estimulación con desarrollo. Creemos que cuanto más rápido y más temprano, mejor. Pero el cuerpo infantil necesita tiempo. Tiempo para aburrirse, para repetir, para jugar sin objetivos, para regularse.
Cuando ese tiempo no existe, el cuerpo habla. Y lo hace a través del cansancio, la conducta o la enfermedad.
Pantallas que calman… pero no regulan
Otro factor que observo a diario es el uso excesivo de pantallas desde edades muy tempranas. Muchas veces no por negligencia, sino por agotamiento adulto.
Las pantallas se convierten en un calmante rápido, pero no enseñan a regular emociones. Al contrario: reemplazan la presencia, la palabra y el límite, tres pilares fundamentales para el desarrollo emocional.
El problema no es solo cuánto tiempo pasan frente a una pantalla, sino qué función emocional cumple ese dispositivo en la vida del niño.

Lo que el niño expresa pertenece al sistema familiar
Desde el trabajo con linajes familiares, aprendí que los niños muchas veces expresan lo que el sistema no puede nombrar. Ansiedades heredadas, exigencias transgeneracionales, mandatos de éxito, silencios no resueltos.
Un niño agotado suele ser un niño leal. Leal a un sistema que corre, que exige, que no descansa. El cuerpo infantil se convierte en el canal de expresión de una historia más grande.
No se trata de culpar a los padres, sino de informar
La mayoría de las madres y padres aman profundamente a sus hijos. Pero crían en un mundo acelerado, con poca información emocional y mucha presión social.
No se trata de señalar culpables, sino de abrir conciencia. Entender que la infancia no necesita más estímulos, sino más sostén emocional y presencia adulta real.
Prevenir el agotamiento infantil es un acto de amor
Cuidar la salud emocional de los niños implica volver a lo simple:
● menos exigencia
● más juego
● menos pantallas
● más vínculo
● menos prisa
Los niños no necesitan aprender a resistir el mundo, sino sentirse regulados dentro de él.
Una reflexión final
El burnout infantil no habla de niños frágiles, sino de infancias sobrecargadas. Escucharlos es una oportunidad para revisar nuestras formas de vivir, criar y vincularnos.